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Alimentación durante el tratamiento oncológico: efectos secundarios

Náuseas, llagas, cambios de sabor o poco apetito durante la quimioterapia y la radioterapia: cómo adaptar lo que comes, qué cuidar con las defensas bajas y cuándo avisar.

Redactado por elequipo de dietistas-nutricionistas de AlimmentaRevisado porJuana María González, dietista-nutricionista, Col. CAT000921

Actualizado el 26/09/202616 min de lecturaVer fuentes

Durante el tratamiento oncológico, la alimentación se adapta a cada síntoma para conservar peso y músculo. Lo habitual son tomas pequeñas y frecuentes, con proteína en cada una, y unas 25–30 kcal y entre 1,0 y 1,5 g de proteína por kilo y día [1]. Ninguna dieta ni suplemento sustituye al tratamiento; cualquier cambio, coméntalo con tu oncólogo.

Mujer mayor de pelo gris sostiene una taza amarilla junto a una ventana luminosa, en un momento de calma

Puedes comer

  • Proteína en cada toma: huevo revuelto bien cuajado o cocido, pescado blanco o azul bien cocinado, pollo, pavo, tofu, legumbres cocidas y requesón. Adapta la textura si te cuesta masticar o tragar.
  • Hidratos de fácil digestión: arroz blanco, patata cocida, boniato, avena fina, pasta suave y pan tostado.
  • Grasas de calidad para enriquecer sin volumen: aceite de oliva virgen crudo, aguacate y frutos secos molidos o en crema.
  • Lácteos suaves y postres nutritivos: yogur natural, kéfir suave, flan casero o natillas si cuesta masticar.
  • Frutas maduras, cocidas o en compota: plátano maduro, manzana o pera al horno y compotas sin azúcar añadido.
  • Verduras cocidas y en cremas templadas: calabacín, calabaza, zanahoria y judía verde, sin piel ni hebras.
  • Alimentos a temperatura ambiente o frescos: ensaladillas suaves, cremas frías y polos de fruta si hay náuseas o llagas.
  • Líquidos hidratantes entre comidas: agua, caldos de verduras o pollo desgrasados e infusiones suaves.
  • Texturas trituradas o enriquecidas: purés con huevo, leche en polvo o queso fresco si hay dolor al tragar.

Qué evitar

  • Comidas muy calientes o con olores intensos: el vapor y el olor fuerte potencian las náuseas.
  • Fritos, rebozados y salsas grasas: ralentizan la digestión y empeoran el malestar de estómago.
  • Picantes, ácidos fuertes y alimentos muy salados si hay llagas o mucositis: irritan la mucosa bucal.
  • Alimentos secos, duros o crujientes (pan duro, frutos secos enteros, patatas chips): pueden rozar la boca sensible.
  • Café y té si tienes llagas: pueden irritar la boca. Alcohol: puede empeorar la diarrea, irritar las llagas e interactuar con la medicación.
  • Suplementos de vitaminas, minerales o plantas por tu cuenta: pueden interferir con la quimio o radioterapia. Si hacen falta, los pauta tu médico o tu dietista-nutricionista.
  • Forzarte a comer raciones grandes de golpe: provocan saciedad precoz y malestar; mejor repartir en tomas pequeñas.
  • Alimentos crudos mal lavados o carnes y pescados poco hechos: extrema la higiene para evitar infecciones alimentarias. Si tienes las defensas bajas, sigue las normas de higiene alimentaria de tu hospital.

Cambios que ayudan

  • Carne roja con sabor metálico

    En lugar de ternera o cerdo, prueba huevos revueltos bien cuajados, pescado blanco, pavo o tofu, porque aportan proteína completa sin el regusto amargo o metálico

  • Plato caliente con olor fuerte

    En lugar de guisos humeantes, prueba cremas templadas, ensaladillas suaves o platos fríos, porque desprenden mucho menos aroma y reducen las náuseas

  • Alimentos duros con llagas

    En lugar de pan tostado o frutos secos enteros, prueba purés suaves enriquecidos con aceite de oliva o yogur, porque no rozan ni dañan la mucosa inflamada

  • Agua sola durante la diarrea

    En lugar de beber solo agua, prueba caldo vegetal suave o suero oral, porque reponen el agua junto a los minerales perdidos por el intestino

  • Platos voluminosos con inapetencia

    En lugar de un plato grande que abrume, prueba raciones pequeñas enriquecidas con aceite de oliva crudo, leche en polvo o levadura de cerveza, porque concentran energía sin llenar el estómago

Hábitos que ayudan

  • Usa cubiertos de plástico o madera si notas sabor metálico: según las recomendaciones del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI) [2], el metal acentúa la alteración del gusto.
  • Enjuágate la boca con agua y bicarbonato antes y después de comer: alivia las molestias bucales y limpia las papilas sin usar alcohol.
  • Come en un ambiente ventilado y pide que cocinen por ti si los olores te revuelven el estómago: entrar a la mesa con el plato servido templado ayuda.
  • Pésate una vez por semana, en la misma báscula y por la mañana: vigilar el peso permite a tu equipo detectar a tiempo si necesitas soporte.
  • Come sentándote a la mesa, mastica despacio y descansa unos minutos tras la comida sin tumbarte del todo: evita el reflujo y la pesadez.

La quimioterapia y la radioterapia actúan sobre las células que se dividen deprisa: las del tumor y también, de forma temporal, las de la boca y el tubo digestivo. Por eso aparecen náuseas, llagas, cambios en el gusto o falta de apetito, que complican cada comida y ponen en riesgo tu estado nutricional. La inmunoterapia y otros tratamientos también pueden dar molestias digestivas, por mecanismos distintos.

En Alimmenta no te daremos listas rígidas ni falsas promesas. Esta guía reúne pautas prácticas para adaptar tu alimentación a cada efecto secundario, mantener las fuerzas y frenar la pérdida de peso. Para los aspectos generales de la enfermedad, consulta nuestra guía de alimentación en el cáncer.

¿Qué comer si tienes náuseas o vómitos por la quimioterapia?

Las náuseas son de los efectos más frecuentes de la quimioterapia. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI) recomienda no forzar grandes cantidades y beber solo pequeños sorbos durante la comida. Comer y beber a la vez puede llenarte antes. Deja el agua, las infusiones o los caldos para media hora antes o después [2]. Si las náuseas aparecen al despertar, unas tostadas, biscotes o galletas sencillas antes de levantarte ayudan a asentar el estómago, como aconseja el NCI [2].

La temperatura y el olor de los platos marcan una gran diferencia. La comida muy caliente desprende más aroma, y los olores intensos favorecen la náusea. El NCI aconseja platos ni muy calientes ni muy fríos y alejarse de los olores de cocina [2]. Prueba ensaladas de arroz, cremas de verduras templadas o fruta madura. Pide a otra persona que cocine si los olores te revuelven el estómago, y ventila bien antes de sentarte a la mesa.

Si los vómitos no ceden, tu equipo médico puede ajustar los fármacos contra las náuseas (antieméticos).

¿Cómo adaptar la comida si tienes llagas en la boca o dolor al tragar?

La mucositis es la inflamación de la mucosa de la boca, con llagas y dolor, que puede aparecer con la quimioterapia o con la radioterapia de cabeza y cuello. El NCI recomienda cocinar los alimentos hasta que estén tiernos y cortarlos pequeños o triturarlos para que no duela al comer [2]. Elige preparaciones suaves, melosas o trituradas: cremas de verduras enriquecidas, purés con huevo escalfado, pescado blanco desmenuzado, yogur natural y requesón.

Evita lo que irrita la boca herida: cítricos, tomate y kétchup, y picantes. También pueden rozarla los alimentos duros o crujientes, como frutos secos enteros, patatas chips o cortezas de pan [2]. La comida muy caliente también duele más; los platos templados o fríos y chupar hielo, como aconseja el NCI, ayudan a calmar la zona [2].

Cuida la higiene de la boca. El NCI propone enjuagarse con un vaso de agua templada con un cuarto de cucharadita de bicarbonato y una pizca de sal. Evita los colutorios con alcohol, que escuecen sobre la mucosa dañada [2].

¿Qué hacer si la comida te sabe metálica o pierde el sabor?

La disgeusia es la alteración del gusto que provocan los fármacos de quimioterapia y la radioterapia. Es habitual notar un sabor metálico persistente o que todo sepa soso o amargo. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI) propone una solución sencilla: usar cubiertos de plástico y no beber directamente de latas o recipientes metálicos [2]. Los cubiertos de madera o bambú sirven igual.

La carne roja suele ser lo que peor sabe durante el tratamiento. No te obligues a comerla: según el NCI, puedes sustituirla por aves, pescado, huevos o queso [2], y también por tofu o legumbres en puré. Si la comida no te sabe a nada, el NCI sugiere acompañar la carne con algo dulce, como compota de manzana, o marinarla con hierbas y especias [2]. Prueba tomillo, albahaca o romero, siempre que no tengas llagas en la boca.

Enjuagarte la boca antes y después de comer, como aconseja el NCI, ayuda a quitar el mal sabor y a percibir mejor los alimentos [2].

¿Cómo frenar la diarrea provocada por el tratamiento?

La diarrea por el tratamiento deshidrata con rapidez y reduce el aprovechamiento de los nutrientes. El NCI aconseja beber mucho líquido para reponer lo que se pierde y elegir alimentos ricos en sodio y potasio, como caldo, plátano o patata asada [2]. Toma agua, suero oral de farmacia, agua de arroz o caldos desgrasados a pequeños sorbos a lo largo del día.

En el plato, elige alimentos bajos en fibra y fáciles de digerir: arroz blanco, patata hervida, zanahoria cocida, pollo o pescado blanco a la plancha o al vapor. También puedes tomar plátano maduro y manzana asada o en compota. Si tienes diarrea, reduce temporalmente lo que el NCI señala como agravante: cereales integrales, legumbres y verduras flatulentas como la col o la coliflor. Reduce también fritos y grasas, picantes, lácteos con lactosa y productos «sin azúcar» con sorbitol o xilitol [2].

Evita también el alcohol, que puede empeorar la diarrea. Cuando el ritmo intestinal se normalice, reintroduce la fibra poco a poco, empezando por la de la fruta cocida y la avena.

¿Qué tomar ante el estreñimiento durante la quimio o radioterapia?

El estreñimiento durante el tratamiento no siempre se debe a la comida: con frecuencia lo causan algunos fármacos contra las náuseas, como el ondansetrón (Zofran), los analgésicos opioides o el hecho de moverte menos. Por eso no tomes laxantes por tu cuenta: coméntalo antes con tu equipo médico, que puede ajustarlos a tu tratamiento.

Desde la alimentación, el NCI recomienda beber abundante líquido cada día, tomar más alimentos con fibra y mantenerte activo [2]. Aumenta la fibra de forma progresiva con copos de avena cocidos, semillas de lino molidas, judías verdes, calabaza y fruta como ciruelas, peras o kiwi. Reparte el agua, las infusiones o los caldos templados a lo largo del día, salvo que tu equipo te haya limitado los líquidos. Si quieres más ideas, consulta nuestra guía de la dieta para el estreñimiento. Puedes consultar «Próstata y alimentación».

Camina cada día según tus fuerzas, como aconseja el NCI [2]. Si el estreñimiento se alarga varios días o aparece dolor abdominal intenso, avisa a tu equipo de oncología antes de cambiar la pauta.

¿Cómo alimentarte si no tienes nada de apetito o te llenas enseguida?

La falta de apetito y la sensación de llenarte enseguida son frecuentes con el cáncer y sus tratamientos. El NCI recomienda hacer comidas pequeñas y frecuentes, con tentempiés nutritivos a lo largo del día [2]: cinco o seis tomas de poco volumen, sin esperar a tener hambre. Aprovecha el momento del día en que te encuentres mejor —para muchas personas es el desayuno— para hacer la toma más completa.

El objetivo es enriquecer cada bocado sin aumentar el tamaño del plato. Añade un chorro de aceite de oliva virgen extra en crudo a purés y verduras. Mezcla leche en polvo o queso rallado en las cremas e incorpora huevo cocido picado a las sopas. También puedes tomar frutos secos triturados o añadir levadura de cerveza. En nuestro menú para personas con cáncer encontrarás combinaciones prácticas ya organizadas.

Si aun así no cubres tus necesidades nutricionales, coméntalo con tu equipo médico para que valore el apoyo que necesitas [3]. Evita llenar el estómago con caldos claros o bebidas justo antes de comer.

¿Cómo evitar la pérdida de peso y conservar la masa muscular?

Perder peso sin buscarlo durante el tratamiento no es solo perder grasa: se pierde también músculo, y eso empeora la tolerancia a los ciclos y aumenta el cansancio. La guía de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) usa una pérdida superior al 5 % del peso en seis meses como uno de los criterios diagnósticos de caquexia [4]. La caquexia es la pérdida de peso y músculo ligada al cáncer. El consenso de la SEOM y la SENPE considera un 5 % en tres meses un indicador fiable de déficit nutricional [3]. Por eso conviene pesarse cada semana y avisar pronto a tu equipo.

Para frenar ese deterioro, la guía de la ESPEN estima unas necesidades de 25 a 30 kcal por kilo de peso al día. La referencia de proteína durante el tratamiento es de 1,0 a 1,5 g por kilo al día [1]. En la práctica, cada comida lleva una fuente de proteína: huevo, pescado, ave, legumbre cocida o lácteo.

La guía de la ESMO recomienda además ejercicio de fuerza dos o tres veces por semana, junto con ejercicio aeróbico moderado, si tu situación clínica lo permite [4]. La actividad física ayuda a que esa proteína sirva para conservar músculo. Desconfía de las dietas que prometen «matar de hambre» al tumor, de los ayunos y de las restricciones de hidratos. La guía de la ESPEN desaconseja restringir la energía si hay desnutrición o riesgo de tenerla. Tampoco recomienda ayunar antes, durante ni después de la quimioterapia: no se ha demostrado beneficio y aumenta el riesgo de desnutrición [1].

¿Qué comer el día de la quimioterapia y los días siguientes?

El día de la sesión conviene llegar con algo en el estómago. En consulta solemos proponer una comida ligera unas horas antes. Lleva hidratos de fácil digestión y algo de proteína: tostadas con tortilla francesa, yogur con avena fina o arroz blanco con pollo. Lleva también agua y un tentempié, porque la sesión puede alargarse. Si tu hospital te ha dado instrucciones concretas, siguen mandando ellas.

Dos personas revisan un cuaderno junto a una comida y agua.

Los fármacos contra las náuseas se eligen según el riesgo de vómitos de cada tratamiento. La guía de ASCO los plantea para prevenir el malestar, y no solo para tratarlo cuando ya ha llegado [5]. Por eso conviene tomarlos a las horas que te indiquen, aunque todavía no tengas náuseas. La comida acompaña a esa medicación y no la sustituye.

En los días posteriores muchas personas notan más cansancio, náuseas o cambios de sabor. Ayuda tener cocinado de antemano: cremas, purés, croquetas, tortillas o arroz blanco en raciones individuales que se calientan en un minuto. Apunta qué te ha sentado bien en cada ciclo, porque esa lista te ahorra probar a ciegas y ayuda a tu equipo a ajustar la pauta. En el menú semanal para personas con cáncer tienes un punto de partida con adaptaciones por síntoma.

¿Qué cuidar en la comida si tienes las defensas bajas?

Algunos tratamientos reducen los neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco que combate las infecciones. Mientras están bajos, la seguridad alimentaria cobra más peso. La llamada dieta neutropénica retira fruta fresca, verdura cruda y otros alimentos. Una revisión de seis estudios con 1.116 personas no encontró menos infecciones que con la alimentación habitual [6]. Los autores concluyen que lo recomendable es mantener las normas de manipulación segura de los alimentos [6].

Esas normas son sencillas y se pueden cumplir en casa:

  • Lávate las manos antes de cocinar y después de tocar carne o huevos crudos.
  • Usa tablas y cuchillos distintos para lo crudo y para lo cocinado.
  • Cocina bien la carne, el pescado y los huevos, sin partes crudas.
  • Lava la fruta y la verdura con agua abundante; en nuestra guía para lavar frutas y verduras tienes el paso a paso.
  • Elige leche, quesos y zumos pasteurizados.
  • Guarda las sobras en la nevera en las dos horas siguientes a cocinarlas y tómalas en tres días.
  • Mira la fecha de caducidad y no dejes la comida cocinada fuera de la nevera.

Si tu equipo te pide evitar alimentos crudos durante un periodo concreto, por ejemplo tras un trasplante de médula, hazlo así. Esa indicación manda sobre lo que lees aquí.

¿Cómo enriquecer las comidas cuando se pierde el apetito?

Cuando comer cuesta, el volumen estorba. La idea es que cada cucharada lleve más energía y proteína sin que el plato crezca. Además del aceite de oliva en crudo, hay muchas formas de enriquecer:

  • Natillas, flan o yogur con leche en polvo y una cucharada de crema de frutos secos.
  • Tortilla o huevos revueltos bien cuajados con queso rallado o queso fresco pasteurizado.
  • Puré de legumbres con aceite de oliva, que concentra mucho en poco volumen.
  • Batido casero de leche, plátano maduro y avena fina, a sorbos en vaso pequeño.
  • Croquetas o albóndigas de pescado blanco o pollo, en tamaño bocado.
  • Sopa o crema con huevo duro picado o fideos finos.

Sirve en plato pequeño, cambia de sitio si te agobia la cocina y come acompañado cuando te apetezca. Una ración enorme desanima antes de empezar.

Los batidos y suplementos nutricionales orales de farmacia tienen su lugar cuando la comida no llega. La guía de ASCO sobre caquexia recoge que el consejo dietético, con o sin estos suplementos, aumentó el peso en algunos ensayos. La evidencia sigue siendo limitada [7]. Tu equipo médico o tu dietista-nutricionista pauta estos suplementos y elige el tipo y la cantidad. La misma guía indica que ningún fármaco para estimular el apetito es el estándar y que lo decide el oncólogo [7]. No tomes suplementos ni fármacos para el apetito por tu cuenta.

¿Cómo organizar el menú del día si se juntan varios síntomas?

Los síntomas rara vez vienen de uno en uno. Puedes tener llagas y sabor metálico a la vez, o náuseas por la mañana y algo de hambre por la tarde. Ayuda ordenar el día por franjas y por texturas, en lugar de por platos fijos.

Aprovecha la franja en la que mejor te encuentres para la toma más completa. Para muchas personas es la mañana: huevo, yogur o requesón con pan blando y fruta cocida. Deja para el resto del día tomas pequeñas de lo que te apetezca, sin esperar a tener hambre.

Con llagas en la boca, baja un escalón de textura cuando haga falta: de trozos tiernos a triturado grueso y de ahí a crema fina. Cuando mejore, sube de nuevo. Si además toses o notas que se te atraganta la comida, puede ser disfagia, y conviene mirar nuestra guía de disfagia y comentarlo con tu médico.

Si el sabor metálico te quita las ganas de carne, sustitúyela por huevo, pescado, queso o tofu, y sirve los platos templados o fríos. Los cítricos escuecen en una boca con llagas por su acidez. Qué dice la evidencia sobre ellos y el cáncer lo resumimos en cítricos y cáncer.

¿Qué hay de las dietas milagro, el ayuno y los suplementos antioxidantes?

Circulan pautas que prometen «matar de hambre» al tumor o tratarlo con zumos, con un solo alimento o con ayunos prolongados. Ninguna ha demostrado tratar un cáncer. Las que recortan mucho la comida desgastan músculo justo cuando más lo necesitas, y la ESPEN desaconseja restringir la energía si hay desnutrición o riesgo de ella [1]. Si te preguntas por el ayuno intermitente, tenemos una guía sobre qué dice la evidencia; durante el tratamiento oncológico, la guía de la ESPEN no recomienda ayunar [1].

Con los suplementos antioxidantes, como las vitaminas A, C y E, los carotenoides o la coenzima Q10, la idea de «proteger» suena razonable. Un estudio con 1.134 personas con cáncer de mama en quimioterapia asoció tomarlos antes y durante el tratamiento a más riesgo de recaída. La diferencia no llegó a ser estadísticamente significativa [8]. El mismo estudio observó peor pronóstico con vitamina B12 y con hierro en suplemento [8]. Un estudio observacional no demuestra causa, pero basta para consultarlo antes. Esto se refiere a suplementos, no a la fruta y la verdura de tu plato.

Los productos de herbolario, los extractos concentrados y las megadosis pueden interactuar con la quimioterapia o con los fármacos de apoyo. Se ha descrito con la hierba de San Juan. Con extractos concentrados de otras plantas, como la cúrcuma o el té verde en cápsulas, hay menos datos. Antes de tomar cualquiera, enseña el envase a tu oncólogo o a tu farmacéutico hospitalario. Si tu equipo detecta una carencia real, la pauta; en suplementos de vitaminas y minerales explicamos cuándo hacen falta en general.

¿Qué dudas vemos en consulta?

En consulta se repiten tres dudas. La primera es si comer «mal» unos días estropea el tratamiento. Lo que cuenta es llegar a cada ciclo con fuerzas, y un día de natillas, purés y tostadas puede cumplir ese objetivo. La segunda es la culpa por no tener hambre: el tratamiento apaga el apetito, y no tiene que ver con tu fuerza de voluntad.

La tercera aparece en casa. La familia insiste en que comas más o trae remedios leídos en internet. Ayuda darles una tarea concreta: cocinar lo que sí te apetece, hacer la compra o preparar raciones pequeñas para congelar. Y pedirles que traigan las dudas a la consulta, donde las revisamos con tu equipo. Si el apoyo individual te ayudaría, puedes valorarlo con nosotros más abajo.

Preguntas frecuentes

¿El azúcar alimenta el tumor?

Todas las células del cuerpo usan glucosa, también las sanas. Quitar el azúcar de la dieta no frena un tumor, y si hay riesgo de desnutrición la ESPEN desaconseja restringir la energía [1]. Si tienes diabetes o el tratamiento te sube la glucosa, tu equipo ajusta la pauta.

¿Un zumo verde o un batido que promete limpiar el cuerpo sirven como comida?

Aportan poca proteína y poca energía para lo que tu cuerpo necesita ahora. Si te apetecen, tómalos como complemento y no en lugar de una toma.

¿Cada cuánto debo pesarme?

Una vez por semana, a la misma hora y en la misma báscula. Avisa si pierdes peso sin buscarlo; las señales concretas están al final de esta guía.

¿Esta guía sustituye a mi oncólogo?

No. Es información general para acompañar el tratamiento. Tu oncólogo y tu hospital conocen tu caso, y sus indicaciones van siempre primero.

Manejar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia no consiste en comer perfecto, sino en encontrar lo que te sienta bien cada día para que no te falte energía ni proteína. Cada tratamiento y cada cuerpo responden a su ritmo.

Si las náuseas, las llagas o la falta de apetito te impiden alimentarte y estás perdiendo peso, nuestro equipo de dietistas-nutricionistas oncológicos puede ayudarte. Pautaremos contigo adaptaciones personalizadas para cada ciclo de tu tratamiento, de forma presencial en Barcelona o mediante consulta online.

Tu situación clínica y tus síntomas cambian a lo largo de las semanas. El acompañamiento nutricional debe adaptarse a cada momento contigo.

Te lo contamos en vídeo

¿Qué tener a mano para los días difíciles?

Tres opciones nutritivas y suaves que no requieren preparación y resultan fáciles de tomar cuando cuesta comer.

  • Yogur natural con compota de manzana y crema de almendras

    Textura suave, fresca y sin olores; aporta proteína, energía y es muy fácil de tragar si hay llagas o náuseas

  • Polos caseros de caldo desgrasado o infusión de frutas

    El frío adormece las terminaciones nerviosas de la boca, alivia el dolor de la mucositis e hidrata cuando no entra el agua

  • Puré de patata y zanahoria con huevo escalfado y un chorro de aceite

    Plato templado de fácil digestión que concentra carbohidratos, proteína y grasas saludables sin volumen excesivo

Portada de la guía en PDF: Menú semanal para personas en tratamiento de cáncer

Tu menú semanal durante el tratamiento

  • Menú de 7 días con la lista de la compra
  • 18 recetas, con alternativas para los días difíciles
  • Escrito por dietistas-nutricionistas

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Cuándo hay que ir al médico

En oncología, la nutrición tiene un papel claro: conservar peso y masa muscular, tolerar mejor el tratamiento y llegar en mejores condiciones a cada ciclo. Lo que la alimentación no hace es tratar el tumor. Ninguna dieta, ningún ayuno y ningún suplemento curan un cáncer. Algunos pueden interferir con el tratamiento. Antes de cualquier cambio importante en tu dieta durante el tratamiento, consúltalo con tu oncólogo.

Pide ayuda sin esperar a cambiar la dieta si te pasa alguna de estas cosas:

  • Tienes 38 °C de fiebre o más durante la quimioterapia
  • Notas confusión, falta de aire, dolor nuevo e intenso o te encuentras de pronto muy mal
  • Llevas más de un día sin poder comer ni beber por vómitos, llagas o dolor al tragar
  • Has perdido más del 5 % de tu peso en los últimos tres meses, o sigues bajando
  • Diarrea o vómitos que no paran, con la boca seca, orina oscura o mareo al levantarte

Con fiebre durante la quimioterapia, ve hoy a urgencias, sin esperar y sin tomar antes paracetamol ni otro antitérmico, que puede tapar la fiebre. Puede ser una neutropenia febril (fiebre con las defensas muy bajas), una urgencia médica [9]. Con confusión, falta de aire, dolor nuevo e intenso o malestar repentino, ve hoy a urgencias. Hazlo también si tienes diarrea o vómitos que no paran y señales de deshidratación. Si llevas más de un día sin poder comer ni beber: llama hoy a tu médico o a tu hospital de día. Si pierdes peso: contacta con tu médico esta semana.

Comer durante el tratamiento es difícil, y hay mucho que se puede hacer para que lo sea menos. Estas señales requieren que avises pronto a tu médico, pero no son motivo para que te asustes.

El equipo de Alimmenta

Trae tus informes y buscamos qué te sienta mejor en esta fase

En la primera visita repasamos tu tratamiento, tus síntomas y lo que consigues comer, y sales con tus primeras recomendaciones. La pauta llega en la segunda visita. Si ya usas nuestro menú semanal en PDF, tráelo y lo adaptamos a lo que te pasa.

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Fuentes

  1. Muscaritoli M, Arends J, Bachmann P, et al. ESPEN practical guideline: Clinical Nutrition in cancer. Clin Nutr. 2021;40(5):2898-2913. doi:10.1016/j.clnu.2021.02.005
  2. National Cancer Institute. Nutrition in Cancer Care (PDQ®)–Health Professional Version. Bethesda (MD): National Cancer Institute; actualizado el 20/09/2024. Disponible en: https://www.cancer.gov/about-cancer/treatment/side-effects/appetite-loss/nutrition-hp-pdq
  3. Virizuela JA, Camblor-Álvarez M, Luengo-Pérez LM, et al. Nutritional support and parenteral nutrition in cancer patients: an expert consensus report. Clin Transl Oncol. 2018;20(5):619-629. doi:10.1007/s12094-017-1757-4
  4. Arends J, Strasser F, Gonella S, et al. Cancer cachexia in adult patients: ESMO Clinical Practice Guidelines. ESMO Open. 2021;6(3):100092. doi:10.1016/j.esmoop.2021.100092
  5. Hesketh PJ, Kris MG, Basch E, et al. Antiemetics: ASCO Guideline Update. J Clin Oncol. 2020;38(24):2782-2797. doi:10.1200/JCO.20.01296
  6. Sonbol MB, Jain T, Firwana B, et al. Neutropenic diets to prevent cancer infections: updated systematic review and meta-analysis. BMJ Support Palliat Care. 2019;9(4):425-433. doi:10.1136/bmjspcare-2018-001742
  7. Roeland EJ, Bohlke K, Baracos VE, et al. Management of cancer cachexia: ASCO guideline. J Clin Oncol. 2020;38(21):2438-2453. doi:10.1200/JCO.20.00611
  8. Ambrosone CB, Zirpoli GR, Hutson AD, et al. Dietary supplement use during chemotherapy and survival outcomes of patients with breast cancer enrolled in a cooperative group clinical trial (SWOG S0221). J Clin Oncol. 2020;38(8):804-814. doi:10.1200/JCO.19.01203
  9. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Neutropenic sepsis: prevention and management in people with cancer. Clinical guideline CG151. London: NICE; 2012 (revisión de vigencia en 2020). Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/cg151

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Escrito y revisado por

Redacción

Equipo de dietistas-nutricionistas de Alimmenta

Dietistas-nutricionistas colegiadas

Juana María González, directora técnica de Alimmenta

Revisión clínica

Juana María González

Dietista-nutricionista · Directora Técnica

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