Puedes comer
- Proteína en cada comida: huevo, pescado blanco y azul, pollo, pavo, conejo, carne magra, legumbres y tofu, el que te entre mejor ese día.
- Lácteos: leche, yogur, queso fresco y requesón, que aportan proteína sin necesidad de masticar.
- Cereales y tubérculos: arroz, pasta, pan, patata y boniato, que son los que mejor se toleran cuando el estómago está delicado.
- Verdura y hortalizas: cocidas, en crema o en puré si crudas no te apetecen, y con aceite de oliva virgen extra.
- Fruta: madura, pelada, en compota, asada o en batido; entera si te sienta bien.
- Grasas de calidad para enriquecer el plato: aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos molidos.
- Bebida a sorbos: agua, caldo o leche pasteurizada, según tolerancia y las indicaciones del equipo.
- Tomas pequeñas y frecuentes: cinco o seis al día, y algo antes de dormir si cenas pronto [3].
- Lo que te apetezca el día que no te apetece nada: comer algo es mejor que no comer nada.
Qué evitar
- Dietas que recortan la energía si estás perdiendo peso o existe riesgo de desnutrición [1]. Restricciones mantenidas más allá del síntoma que las motivó. Suplementos o megadosis por tu cuenta. Alcohol durante el tratamiento; el WCRF recomienda no beber para prevenir cáncer [4]. Alimentos poco hechos o sin una manipulación segura cuando tu equipo te haya dado medidas específicas.
Cambios que ayudan
Carne que no toleras
En lugar de forzarte con un filete, prueba huevo bien cuajado, pescado o legumbre triturada, porque son alternativas que puedes comentar con el equipo [3].
Poco apetito
En lugar de aumentar siempre el plato, pregunta cómo enriquecer una ración pequeña, porque el equipo puede adaptar energía y proteína [1].
Cena difícil
En lugar de saltarte la cena, prueba una opción que toleres, como un yogur pasteurizado, porque permite repartir la comida [3].
Hábitos que ayudan
- Muévete según tus posibilidades y pregunta al equipo qué actividad es adecuada.
- No entrenes si tienes fiebre o una infección, ni si tu equipo te ha dicho que las plaquetas o la hemoglobina están demasiado bajas para hacer ejercicio [2].
- Pésate una vez por semana, a la misma hora, y registra los cambios [1].
- Pide que cocine otra persona los días de ciclo si los olores te provocan náuseas [3].
- Cocina más cantidad los días buenos y congela raciones.
Quizá te hayan llegado varias listas de alimentos que evitar y ninguna resuelva lo que te pasa hoy. Puede que te falte apetito, te duela la boca o estés perdiendo peso sin buscarlo.
En consulta revisamos qué puedes comer y qué síntoma lo dificulta, en coordinación con tu equipo oncológico. La alimentación acompaña el tratamiento médico.
¿Qué alimentos no debe comer una persona con cáncer?
No hay una lista general, y esa es la respuesta honesta a la pregunta que más se busca. La ESPEN desaconseja las dietas que restringen la energía cuando existe desnutrición o riesgo de tenerla [1]. Lo que se ajusta es otra cosa: el síntoma que tengas esta semana.
Si hay llagas, se quitan el limón y el tomate mientras duren. Si hay diarrea, se pueden dejar unos días la fibra insoluble y las legumbres. Si el olor de la carne te echa para atrás, se cambia por huevo o por pescado. Nada de eso es permanente.
La diferencia importa más de lo que parece. Mantener durante meses una lista larga de alimentos excluidos reduce lo que comes y empobrece la dieta. También acelera la pérdida de peso y de músculo [1].
Por eso, cuando alguien te pase una lista de veinte alimentos a evitar, la pregunta que conviene hacerle es ¿hasta cuándo? y ¿por qué síntoma?.
Hay una excepción, y no es dietética: los alimentos que tu equipo médico te haya restringido por tu situación concreta —una cirugía digestiva reciente, una obstrucción, una inmunosupresión profunda, un fármaco con interacción conocida—. Eso manda sobre cualquier cosa que leas aquí.
¿Por qué se pierde peso con el cáncer y cuánto hay que comer?
La pérdida de peso puede combinar una menor cantidad que comes y cambios metabólicos. La caquexia incluye pérdida de músculo e inflamación, y comer más no siempre permite recuperar ese músculo [2].
La desnutrición se asocia con una peor tolerancia al tratamiento; por eso conviene detectar pronto la pérdida de peso y músculo [1].
Las cifras de referencia de las dos guías europeas son parecidas. La ESPEN propone estimar la energía, si no se mide de forma individual, en 25 a 30 kcal por kilo de peso y día [1]. La proteína debe estar por encima de 1 g por kilo y día y, si es posible, llegar a 1,5 g [1].
La ESMO fija al menos esas mismas 25 a 30 kcal por kilo y al menos 1,2 g de proteína por kilo [2]. Para una persona de 65 kilos, 25 kcal por kilo son 1.625 kcal y 30 kcal son 1.950.
Con 1,2 g por kilo son unos 78 g de proteína; con 1,5 g, unos 98 g. Son referencias poblacionales, no una prescripción individual.
La proteína sola no basta. Las dos guías la acompañan de movimiento, porque el músculo se conserva cuando se usa [1][2]. Es el mismo principio que trabajamos en la guía de longevidad para conservar músculo y hueso, aplicado a un momento en el que cuesta más.
Y si ya estás perdiendo peso y no consigues frenarlo, es justo lo que se trabaja en la consulta de nutricionista para ganar peso, siempre en coordinación con tu equipo de oncología.
¿Qué comer cuando hay náuseas o el olor de la comida echa para atrás?
Las náuseas y los vómitos son efectos frecuentes de la quimioterapia y se pueden tratar con medicamentos. Si los antieméticos pautados no funcionan, díselo a tu equipo: la dieta no los sustituye. Lo que la alimentación hace es ponerlo más fácil. Estos son los consejos que recoge la guía nutricional de la Asociación Española Contra el Cáncer [3]:
- Come cada pocas horas y poca cantidad. El estómago vacío empeora las náuseas.
- Desayuna algo seco antes de levantarte del todo: tostada, picos, galletas sencillas.
- Toma los platos templados o fríos. El calor es lo que libera el olor.
- Bebe a sorbos a lo largo del día, mejor entre comidas que durante.
- Evita los fritos, lo muy graso, lo muy dulce y lo muy condimentado los días de ciclo.
- Que cocine otra persona, y no entres en la cocina mientras se cocina.
- No te tumbes justo después de comer; descansa con el tronco incorporado.
Si además notas ardor o el estómago irritado, las pautas coinciden en buena parte con las de la dieta para la gastritis. Y si lo que hay es hinchazón y gases, la guía del vientre hinchado explica por qué pasa y qué ayuda.
¿Y si la comida sabe a metal o no sabe a nada?
Se llama disgeusia y es de los efectos que más desaniman, porque convierte en desagradable algo que antes era un placer. La guía AECC reúne opciones para comentar con tu equipo [3]:
- Si notas sabor metálico, usa cubiertos y platos de plástico y cocina con cuchara de madera. Evita que el vinagre, el tomate o los zumos toquen recipientes metálicos.
- Enjuágate la boca antes de comer: puede mejorar el sabor de lo siguiente.
- Cocina con condimentos suaves —albahaca, orégano, laurel, tomillo— o macera la carne y el pescado con zumo de naranja o limón, si la boca no te duele.
- Si la carne roja te resulta imposible, cámbiala por pollo, pavo, conejo, huevo, pescado o tofu. La proteína es la que importa, no de dónde venga.
- Esconde la carne y el pescado en purés y cremas, y cocínalos hervidos o al microondas, que huelen menos que la plancha o el horno.
Lo habitual es que el sabor se vaya recuperando poco a poco al terminar el tratamiento. Mientras tanto, el objetivo es encontrar una opción que puedas comer.
¿Qué comer con llagas en la boca o con la boca seca?
La inflamación de la mucosa de la boca se llama mucositis y hace que comer duela. La boca seca, la xerostomía, es muy frecuente en la radioterapia de cabeza y cuello.
Las dos cambian lo que conviene comer, pero en sentido contrario: con llagas se quita lo que irrita; con la boca seca se añade lo que lubrica y lo que hace salivar [3].

Con llagas, deja fuera unos días el café, el té, el alcohol, el picante y los ácidos: tomate, limón, naranja, piña, vinagre y gazpacho. Evita también las bebidas con gas, lo muy salado y lo seco o fibroso: frutos secos, pan tostado, patatas fritas y quesos muy curados.
Pregunta al equipo qué higiene y enjuagues debes seguir. La guía AECC propone probar frío para aliviar la boca dolorida [3]. Si beber duele, una pajita evita que el líquido recorra la parte dolorida.
Con la boca seca, la recomendación es la contraria: platos con salsa, cremas, purés, arroz caldoso, pasta bien cocida, quesos frescos, yogures, gelatinas y frutas maduras, y agua a pequeños tragos todo el día. Los alimentos ácidos, que con llagas molestan, aquí ayudan porque estimulan la saliva [3].
Por eso las dos pautas no se mezclan: se elige la que corresponde a lo que tengas.
La radioterapia de cabeza y cuello, tórax y abdomen puede afectar mucho a la alimentación. Por eso, la ESPEN recomienda consejo nutricional individualizado desde el principio, para evitar interrupciones del tratamiento por pérdida de peso [1].
¿Qué hago con la diarrea y con el estreñimiento?
Los dos aparecen, a veces en la misma persona y en semanas distintas, y se manejan al revés uno del otro.
Si empieza la diarrea o no consigues mantener la hidratación, avisa al equipo oncológico. El suero oral o un antidiarreico se usan solo cuando el equipo los indica [3].
Con estreñimiento, que suele venir de la medicación, de comer poco y de moverse menos, bebe más líquido y cambia los cereales refinados por integrales. Antes de aumentar la fibra o usar laxantes, consúltalo con tu equipo. La pauta cambia si hay una obstrucción o medicación que frena el intestino.
La guía AECC ofrece ejemplos de alimentación y paseo, que deben ajustarse a tu situación [3].
Lo tienes desarrollado en la guía de la dieta para el estreñimiento.
¿Hace falta una dieta especial cuando bajan las defensas?
Aquí es donde más ha cambiado la recomendación, y conviene decirlo claro. Durante décadas se pautó la llamada dieta de bajo contenido bacteriano o «dieta neutropénica». Retiraba el yogur, el queso, el kéfir, la fruta que no se puede pelar, los frutos secos, las setas y la verdura cruda. Esa lista larga de retiradas no tiene respaldo.
La ESPEN recoge que una revisión Cochrane no encontró pruebas de que esas dietas previnieran infecciones durante la neutropenia por quimioterapia [1]. Tampoco halla datos clínicos consistentes para recomendarlas pasado el primer mes tras un trasplante alogénico de progenitores [1]. Un metaanálisis posterior de seis estudios y más de 1.100 personas llegó a la misma conclusión [5].
Con la dieta neutropénica no se demostró una reducción de infecciones ni de mortalidad en comparación con una dieta sin esas restricciones.
Se mantienen las medidas de higiene alimentaria, aplicadas con más cuidado. Lávate las manos antes de cocinar y de comer. Cocina bien la carne, el pescado y el huevo. No descongeles a temperatura ambiente. Desinfecta la fruta y la verdura que vayas a comer crudas y sin pelar. Respeta las fechas y la cadena de frío [3].
Son medidas de seguridad alimentaria, no una dieta restrictiva.
Y la decisión no es nuestra. Si estás en el hospital, en pleno trasplante de progenitores o con una inmunosupresión profunda, las normas las pone tu hospital y tienen prioridad sobre cualquier guía general.
Lo que sí puedes preguntar en la consulta es hasta cuándo dura la restricción que te han dado, porque mantenerla más de lo necesario favorece la pérdida de peso y reduce la variedad.
¿Sirven la dieta alcalina, el ayuno, quitar el azúcar o los suplementos?
No, y merece la pena explicar por qué, porque son las cuatro cosas que más se repiten.
- Dieta alcalina. Parte de la idea de que ciertos alimentos acidifican la sangre. La guía nutricional de la Asociación Española Contra el Cáncer lo resume en dos palabras: es falso [3]. Tu cuerpo regula el pH de la sangre con los riñones y los pulmones, no con el menú.
- El azúcar «alimenta» el tumor. Casi todas las células del cuerpo usan glucosa como combustible, así que quitar el azúcar no deja al tumor sin nada; lo que hace es dejarte a ti con menos energía en el peor momento. Conviene limitar la bollería y los refrescos por su relación con el sobrepeso, que sí se asocia a varios tipos de cáncer, y por ninguna otra razón [3].
- Dieta cetogénica y ayuno. No hay ensayos clínicos que demuestren un beneficio de la cetogénica en personas con cáncer, y su baja palatabilidad puede llevar a comer menos y a perder peso [1]. Sobre el ayuno, la ESPEN es explícita: no recomienda usarlo antes, durante ni después de la quimioterapia [1].
- Suplementos. La ESPEN recomienda aportar vitaminas y minerales en las cantidades recomendadas y desaconseja las dosis altas sin un déficit documentado [1]. La AECC va un paso más allá y avisa de que los suplementos de vitaminas, antioxidantes o extractos de hierbas pueden interferir con los tratamientos y empeorar el resultado clínico [3]. Los suplementos nutricionales orales —los batidos hipercalóricos de farmacia— pueden ayudar cuando la comida no llega [2]. Cualquier suplemento lo pauta tu médico o tu dietista-nutricionista.
Que una dieta no cure no significa que la alimentación dé igual. Significa que su trabajo es otro: sostener el peso, conservar el músculo y ayudarte a llegar a cada ciclo en mejores condiciones.
Si lo que buscabas era una pauta general para comer mejor sin promesas, la guía de la dieta antiinflamatoria explica qué se puede esperar de ella y qué no.
Si coinciden náuseas y llagas en la boca
No hay que resolver ambos síntomas con una lista fija de alimentos que evitar. Si predominan las náuseas, prueba pequeñas tomas de platos que toleres y evita los olores que te las desencadenan. Si duele la boca, cambia la textura y la temperatura según lo que puedas tragar.
Cuando no logras comer o beber lo suficiente, avisa al equipo oncológico: tratar el síntoma y valorar el estado nutricional es prioritario para adaptar la alimentación [1][3].
La pérdida de apetito no se resuelve solo obligándote a comer
Comunica la pérdida de peso involuntaria, la saciedad temprana o la pérdida de fuerza. La caquexia relacionada con el cáncer puede combinar menor cantidad que comes y cambios metabólicos; por eso el equipo valora síntomas, función y etapa de la enfermedad, además del peso [2].
La primera medida nutricional suele ser asesoramiento individual para aumentar lo que puedes comer; otras formas de soporte se deciden según necesidad y objetivos de tratamiento [1][2].
¿Hay alimentos que provoquen cáncer y qué se come después del tratamiento?
No hay un alimento que provoque cáncer por sí solo, igual que no hay ninguno que lo cure. El World Cancer Research Fund revisó sus recomendaciones de prevención en 2018 [4]. También se aconsejan, en la medida de lo posible, tras un diagnóstico: mantener un peso saludable y moverse. Propone comer cereales integrales, verdura, fruta y legumbres.
Aconseja limitar la comida rápida, los procesados ricos en grasa o azúcar, la carne roja y las bebidas azucaradas. Recomienda comer poca o ninguna carne procesada y no beber alcohol [4].
Ese mismo informe añade dos cosas que conviene leer juntas: no usar suplementos para prevenir el cáncer, y, tras un diagnóstico, seguir estas recomendaciones en la medida en que se pueda [4].
Ese «en la medida en que se pueda» es la clave del después. Al terminar el tratamiento no se vuelve de golpe a la alimentación de antes. Primero se recuperan el peso y el músculo perdidos, con proteína suficiente y ejercicio de fuerza [1][2]. Después se ajusta el resto.
Si has ganado peso durante el tratamiento, como ocurre con algunos tumores y terapias hormonales, puedes seguir la dieta para adelgazar, sin prisa y sin dietas de choque.
Un nutricionista oncológico puede ordenar todo esto contigo. Mira tu informe, tu tratamiento y tus síntomas de esta semana y los convierte en una pauta que puedas seguir.
¿Qué errores vemos en consulta?
Forzarte con un alimento que hoy no toleras o seguir una lista ajena puede dificultar la adaptación. Trae tus dudas y lo que has podido comer a la revisión. Así podemos concretar alternativas con el equipo que lleva tu tratamiento.
Comer durante un tratamiento oncológico no va de comer «perfecto». Va de que entre suficiente, de que haya proteína en el plato y de que el peso se mantenga mientras dura lo demás. Casi todo lo que hace falta para eso son ajustes pequeños, que cambian de una semana a otra según cómo te encuentres.
Si quieres montarlo con alguien delante, nuestro equipo de nutrición oncológica trabaja con tus informes a la vista y en coordinación con tu equipo médico, en Barcelona y online, en cualquier fase del tratamiento.
Cada tumor, cada tratamiento y cada persona son distintos. Lo que sirve es una pauta que encaje en la semana que tienes por delante.
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Tres cosas con proteína que se preparan en cinco minutos, se toman templadas o frías y no huelen a comida mientras las haces.
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Tu menú semanal durante el tratamiento
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¿A qué correo te la enviamos?
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Responsable: Alimmenta Tu Vida, S.L. Finalidad: enviarte la guía y, solo si marcas la segunda casilla, consejos por correo sobre el tema. Puedes retirar tu consentimiento y ejercer tus derechos en [email protected]. Base legal, destinatarios y plazos, en la política de privacidad.
Cuándo hay que ir al médico
Si tienes fiebre de 38 °C o más, o te encuentras mal de forma repentina durante un tratamiento contra el cáncer, pide atención urgente el mismo día, sin esperar. Como primer paso, llama al teléfono de 24 horas de tu equipo oncológico. Si no puedes contactar, busca valoración urgente. NICE considera la sospecha de sepsis neutropénica una urgencia médica [6].
Contacta también hoy con tu equipo si no consigues beber o retener líquidos. Pide una valoración nutricional si durante más de una semana has cubierto menos de la mitad de tus necesidades nutricionales. También si durante más de dos semanas solo cubres entre la mitad y tres cuartas partes de tus necesidades [1].
Estas señales no se corrigen cambiando el menú. La alimentación no sustituye la valoración oncológica.

Trae tus informes y buscamos qué te sienta mejor en esta fase
En la primera visita repasamos tu tratamiento, tus síntomas y lo que consigues comer, y sales con tus primeras recomendaciones. La pauta llega en la segunda visita. Si ya usas nuestro menú semanal en PDF, tráelo y lo adaptamos a lo que te pasa.
Cómo podemos ayudarte
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Nutricionista oncológico en Barcelona y onlineCuando el tratamiento te quita el hambre o te cambia los sabores, comer cuesta. No tienes que resolverlo a solas.
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Fuentes
- Muscaritoli M, Arends J, Bachmann P, et al. ESPEN practical guideline: Clinical Nutrition in cancer. Clin Nutr. 2021;40(5):2898-2913. doi:10.1016/j.clnu.2021.02.005 Texto completo ESPEN.
- Arends J, Strasser F, Gonella S, et al. Cancer cachexia in adult patients: ESMO Clinical Practice Guidelines. ESMO Open. 2021;6(3):100092. doi:10.1016/j.esmoop.2021.100092 Texto completo ESMO.
- Asociación Española Contra el Cáncer (Junta Provincial de Baleares), Asociación de Cocineros Afincados en las Islas Baleares (ASCAIB), Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de les Illes Balears (CODNIB). Guía nutricional para pacientes oncológicos y sus recetas. Palma: AECC; 2019. https://www.contraelcancer.es/sites/default/files/content-file/Guia-nutricional_0.pdf
- World Cancer Research Fund, American Institute for Cancer Research. Diet, nutrition, physical activity and cancer: a global perspective. Continuous Update Project Expert Report 2018. Londres: WCRF International; 2018. https://www.wcrf.org/diet-activity-and-cancer/cancer-prevention-recommendations/
- Ma Y, Lu X, Liu H. Neutropenic diet cannot reduce the risk of infection and mortality in oncology patients with neutropenia. Front Oncol. 2022;12:836371. doi:10.3389/fonc.2022.836371
- National Institute for Health and Care Excellence. Neutropenic sepsis: prevention and management in people with cancer. NICE clinical guideline CG151. Londres: NICE; 2012 (vigilancia de vigencia 2020). https://www.nice.org.uk/guidance/cg151
Encuesta Alimmenta sobre los GLP‑1
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Tanto si los tomas o los has tomado como si no te lo plantearías nunca. Anónima, 2-3 minutos.
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