Puedes comer
- Hasta alrededor de los seis meses, leche materna o fórmula infantil, según cada familia [1]. Durante el primer año sigue siendo la bebida principal. Verduras y frutas desde la alimentación complementaria, con la textura que pueda manejar.
- Legumbres: lentejas, garbanzos o alubias, en purés o en el plato familiar.
- Huevo, pescado y carne, que además aportan hierro.
- Pan, arroz, pasta, avena o patata, según su apetito.
- Pequeñas cantidades de yogur natural sin azúcar y queso tierno desde los 9 o 10 meses.
- Aceite de oliva para cocinar y aliñar.
- Agua como bebida desde que empieza a comer otros alimentos [2].
Qué evitar
- Bebidas azucaradas y zumos como bebida diaria.
- Productos que sustituyen habitualmente comidas sencillas, como bollería y snacks salados.
- Comidas distintas para el niño en cada rechazo, si ya puede compartir la comida familiar adaptada.
- Premios con dulces por terminar el plato.
- Frutos secos enteros antes de los cinco años; desde la alimentación complementaria, ofrécelos molidos o en crema. Otros alimentos con riesgo de atragantamiento por tamaño o dureza, sin adaptar a la edad.
- Comentarios sobre el peso o el cuerpo durante la comida.
- Miel antes de los 12 meses
Cambios que ayudan
Merienda
En lugar de improvisar siempre con un producto envasado, prepara pan con tomate y fruta, porque resuelve una tarde con alimentos habituales.
Verdura
En lugar de pedir que termine toda la verdura, sirve una porción pequeña junto a alimentos conocidos, porque facilita volver a ofrecerla sin presión.
Premio
En lugar de un postre por acabar el plato, dale el postre de siempre, sin condiciones, porque así la fruta no se vuelve un trámite.
Hábitos que ayudan
- Mantén horarios de comida reconocibles, con margen para la vida familiar.
- Ofrece un lugar tranquilo para sentarse y comer.
- Comparte alguna compra o preparación con el niño según su edad y destreza.
- Apaga pantallas durante las comidas.
- Reserva tiempo para juego activo y descanso adecuado a su etapa.
Hay días en que un niño pide repetir y otros en que apenas prueba la comida. Mirar una sola cena suele generar más inquietud que información. Nos orienta mejor su crecimiento, cómo se encuentra y lo que come a lo largo de varios días. La organización de casa también cuenta: horarios, compra y comidas que puedan compartir quienes viven juntos.
¿Qué debe comer un niño según su edad?
Las necesidades cambian con el crecimiento. Por eso no usamos el mismo plato ni la misma expectativa de apetito desde la cuna hasta secundaria.
| Etapa | Qué cambia | Para seguir |
|---|---|---|
| 0 a 6 meses | La leche materna o la fórmula infantil cubren la alimentación; la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses es la recomendación poblacional [1] . | Lee la guía de lactancia materna. |
| 6 a 12-18 meses | Se incorporan alimentos, sabores y texturas seguros mientras la leche sigue presente [2]. Un ejemplo: lentejas con verdura aplastadas y trozos blandos de fruta . | Lee la guía de alimentación complementaria. |
| 18 meses a 3 años | Gana autonomía y se acerca a la comida familiar, con preparaciones y tamaños adaptados [3]. Un ejemplo: tortilla francesa en tiras, arroz y tomate pelado. | Ve a la alimentación de 18 meses a 3 años. |
| 3 a 12 años | La escuela modifica horarios y comidas; conviene mirar el conjunto del día. Un ejemplo: el plato de casa, con la verdura en la mitad. | Usa la guía de etapa escolar. |
| Adolescencia | Los horarios, la actividad y la autonomía cambian; hay que preservar comidas disponibles y conversación. Un ejemplo: bocadillo completo y fruta cuando llega tarde. | Si necesitas adaptar la pauta, conoce la consulta de nutrición infantil. |
Los límites de edad de la tabla orientan, pero el desarrollo de cada niño marca las texturas y la autonomía. Si nació prematuro o existe una dificultad médica, pediatría ajusta la pauta. Para empezar alimentos nuevos y reconocer la preparación del bebé, la guía de 6 a 12-18 meses aborda las dudas concretas.
Desde la alimentación complementaria, interesa ofrecer variedad sin perder de vista el hierro. Las legumbres, la carne, el pescado y el huevo son opciones que pueden incorporarse según la etapa [2]. La textura se adapta para que pueda comer con seguridad; la posición al sentarse y la supervisión también importan [4] . El detalle práctico está en las guías por edad.
El reparto de responsabilidades en la mesa
El modelo de Ellyn Satter ayuda a repartir responsabilidades cuando preocupa el apetito. El adulto decide qué, cuándo y dónde se ofrece la comida; el niño decide si come y cuánto de lo ofrecido [5]. Sirve para ordenar la mesa; si hay un problema de salud detrás, además hace falta valorarlo.
La responsabilidad adulta incluye disponer de opciones suficientes y adecuadas. Por ejemplo, en una cena pueden aparecer tortilla, tomate y pan. Si el niño no quiere tomate, puede comer de los otros alimentos. Más tarde habrá otra ocasión de ofrecerlo. No hace falta preparar un segundo menú para salvar cada rechazo.
Respetar la cantidad evita que el tamaño de la ración se convierta en una negociación. Sirve poco al principio y ofrece más si lo pide. Así aprende a reconocer su hambre y su saciedad.
Tú decides qué, cuándo y dónde se come; tu hijo decide si come y cuánto. Puedes consultar «Cuando preocupa el peso de tu hijo».
La frase «una cucharada más» suele nacer del cariño y de la preocupación. En consulta vemos cuánto pesa esa preocupación en la mesa. Trabajamos con la familia para organizar las oportunidades de comer, mientras pediatría sigue el crecimiento cuando corresponde.
Cómo se crean los hábitos sin convertir la comida en una batalla
Los hábitos alimentarios se aprenden viendo alimentos muchas veces y participando en la vida de casa. Una revisión sistemática encontró que probar de nuevo verduras o frutas mejora su aceptación en bebés y niños pequeños [7]. Eso no obliga a contar intentos ni garantiza que todos acepten el mismo alimento.
La exposición puede ser pequeña. Ver una rodaja de tomate en la mesa, tocar una judía verde o elegir una pera en la frutería ya ayuda a familiarizarse con esos alimentos. Si decide probar, bien; si no, seguirá habiendo ocasiones.
Comer juntos facilita mostrar cómo se compone una comida. Los estudios encuentran una asociación entre más comidas familiares y algunos indicadores de calidad de la alimentación, aunque no prueban que sentarse juntos sea la causa [8]. Puede bastar una comida compartida que encaje con el horario familiar.
También se aprende al comprar y cocinar. Un niño pequeño puede mirar, lavar con ayuda o mezclar; otro mayor puede preparar una parte sencilla. Qué puede hacer a cada edad lo cuenta la guía de cocinar con niños. Cocinar juntos acerca los ingredientes sin exigir que después se coman.
Premiar con postre por acabar las verduras cambia el sentido de ambos alimentos. Presionar para que coma, con premios, tratos o amenazas, añade tensión y le cuesta más notar cuándo está saciado [6]. Los límites de convivencia siguen existiendo: se come sentado, con tiempo y con un trato respetuoso. Así, el objetivo es sostener una rutina que la familia pueda repetir.
¿Es normal que mi hijo coma poco?
El apetito varía entre niños y de un día a otro. Una ración pequeña no permite saber por sí sola si falta energía. Pregúntate cómo está el niño, si conserva sus actividades y qué muestran sus controles de crecimiento. La valoración del crecimiento corresponde a pediatría [6].
La selectividad también puede aparecer al ganar autonomía. Algunos niños rechazan sabores nuevos y mantienen durante un tiempo una lista corta de favoritos. Conviene ofrecer el alimento sin presionar y conservar una estructura de comidas. No hace falta medir cada bocado ni discutir durante toda la cena. Puedes consultar «Neofobia y selectividad alimentaria».
Cuando el rechazo cierra grupos enteros de alimentos, limita la vida cotidiana o viene acompañado de pérdida de peso, se necesita una valoración. Las señales por edades están en «Cuándo hay que ir al médico», al final de esta guía.
Si un niño que antes comía tranquilo cambia de golpe su forma de comer, evita centrar la conversación en su peso y consulta con pediatría para valorar qué ocurre [9]. Si hay rechazo intenso de alimentos, pérdida de peso o decaimiento, adelanta la consulta .
En bebés, una toma menor durante un día puede tener muchas explicaciones. La guía de alimentación complementaria trata los rechazos de alimentos nuevos.
Peso y obesidad infantil: una pauta para la familia
El peso infantil se interpreta con edad, talla y trayectoria de crecimiento. No basta una cifra aislada. Las guías pediátricas piden valorar la salud completa y el contexto familiar, y ofrecer un abordaje respetuoso, sin estigma [11].
Cuando preocupa que el peso suba deprisa, conviene revisar el entorno común. La compra, las bebidas, los horarios y las oportunidades de movimiento afectan a toda la familia. Trabajar juntos evita señalar al niño como responsable de un problema que no depende solo de él [11]. También ayuda a que los cambios puedan sostenerse.
No pongas al niño a dieta para perder peso ni retires grupos de alimentos o cuentes calorías con él. Puedes facilitar desayunos y cenas posibles, y comprobar si lo que se ofrece en el colegio encaja con el resto del día.
En la etapa escolar se explica la organización del plato, y en la primera infancia se desarrollan las raciones de esa edad.
Si hay un diagnóstico o una indicación clínica, trabajamos coordinados con pediatría. La conversación se centra en salud, descanso, actividad y comidas accesibles. El niño puede participar en la elección de alimentos y preparaciones sin cargar con el control del peso. Los adultos conservan la responsabilidad de ofrecer y organizar.
¿Qué beben los niños y qué hacer con los ultraprocesados?
El agua es la bebida habitual una vez iniciada la alimentación complementaria. La leche sigue teniendo un papel distinto según la etapa. Los zumos y las bebidas azucaradas no reemplazan a la fruta entera ni al agua [2]. Tener agua disponible simplifica la elección cotidiana.

Un alimento preparado puede resolver una tarde; conviene mirar qué lugar ocupa a lo largo de la semana. Si bollería, aperitivos salados y bebidas dulces desplazan comidas sencillas, se pierde variedad. Las recomendaciones sobre entornos escolares buscan justamente que las opciones disponibles favorezcan una alimentación saludable [12]. En casa, lo disponible también influye.
La etiqueta ayuda más que el reclamo de la parte delantera. Un producto anunciado para niños puede aportar mucho azúcar o sal. Para una merienda práctica, pan, fruta, yogur natural o una preparación casera sencilla permiten variar. No ofrezcas frutos secos enteros ni en trozos antes de los cinco años; desde la alimentación complementaria, ofrécelos molidos o en crema [13] .
Los fines de semana, las fiestas y las visitas traen alimentos distintos. Su presencia ocasional no define la alimentación de un niño. Nos importa más el patrón que se repite en casa y en el colegio. La guía de almuerzos y meriendas ofrece combinaciones concretas para los días de escuela.
Cómo se monta la semana de comidas en casa
Una semana de comidas se entiende mejor al mirar también el comedor escolar, los horarios y quién cocina. Si el niño come legumbres al mediodía, la cena puede ofrecer otra combinación. Si come legumbres en el comedor escolar, la cena puede ir por otro lado.
Elige primero preparaciones que la familia ya sabe hacer. Una olla de lentejas, verduras listas para cocinar y huevos permiten varias cenas sin repetir el mismo plato. Después añade alimentos que el niño está aprendiendo a conocer. La novedad puede convivir con algo familiar.
El menú semanal infantil reúne siete días y la compra para la etapa de 3 a 12 años. Úsalo como ejemplo; las cantidades las pone su apetito.
Cuando varias personas cuidan al niño, compartir una pauta simple ayuda. Basta acordar qué se ofrece, cuándo suelen ser las comidas y cómo responder al rechazo. No hace falta que todos cocinen igual. Sí ayuda que el niño encuentre un marco reconocible en casa, en la escuela y con otros cuidadores.
Adolescencia: acompañar sin vigilar cada plato
En la adolescencia crece la autonomía para decidir cuándo y con quién se come. A la vez, cambian los horarios de clase, deporte y vida social. La familia puede seguir facilitando comida disponible sin convertir cada elección en un examen. Un adolescente que llega tarde necesita saber qué puede preparar, dónde está y si podrá comer con calma.
Una conversación útil empieza por lo práctico. Pregunta qué comidas resultan difíciles de encajar y qué alimentos le apetece aprender a preparar. Acordad opciones que pueda montar cuando los demás ya hayan cenado.
Puede ser un plato de legumbres que quedó hecho, un bocadillo completo o una tortilla con fruta. Participar en la compra le da margen de elección dentro de lo que hay en casa.
El cuerpo cambia durante esta etapa y las comparaciones pueden ocupar mucho espacio. Evita comentar cuánto ha comido en relación con su aspecto. Si notas cambios bruscos en cómo come, ya sabes qué hacer: está en «Cuándo hay que ir al médico». Acompañar también implica saber cuándo pedir ayuda.
Lo que vemos en consulta
La pregunta que más llega a consulta es «¿y si no le llega con lo que come?». También vemos menús muy elaborados que nadie puede sostener. Para organizarse de forma realista, conviene identificar horarios, compras y comidas que ya funcionan.
Otra duda frecuente es si hay que insistir hasta que pruebe. Una oferta tranquila, repetida en otras ocasiones, es más útil que una negociación larga para conocer un alimento [7]. Cuando la preocupación es el crecimiento, recogemos la historia alimentaria y pedimos coordinación con pediatría. Las señales del bloque médico marcan cuándo adelantar esa consulta.
Si el desayuno es el momento difícil, revisamos a qué hora se levanta y qué opciones tiene realmente a mano. Casi siempre se arregla con dos opciones fijas y a mano. Hay ideas por edad en desayunos para niños.
Qué hacemos en la consulta de nutrición infantil
En la consulta infantil escuchamos qué preocupa a la familia y cómo son sus días. Revisamos comidas, horarios, preferencias, entorno escolar y posibilidades de compra. Con esa información proponemos cambios asumibles, sin exigir un menú perfecto.
También aclaramos qué corresponde a cada profesional. Si existe una condición diagnosticada, ajustamos la pauta nutricional junto al equipo sanitario que la atiende .
En bebés, la consulta puede ayudar a planificar alimentos y texturas apropiadas, con la guía de alimentación complementaria como apoyo. En escolares, puede ordenar la compra y las comidas de la semana. En adolescentes, escuchamos también sus preferencias y tenemos en cuenta sus horarios. Cada caso requiere una valoración individual.
Una alimentación infantil suficiente y variada se construye con oportunidades repetidas de comer, un entorno tranquilo y ajustes según la etapa. Si te preocupa el crecimiento, empieza por pediatría. Si quieres organizar la alimentación de tu familia, en la consulta de nutrición infantil en Barcelona y online podemos valorar contigo qué cambios encajan en vuestro día a día.
Tu primer paso esta semana
Pon el agua en la mesa
Desde esta semana, jarra de agua en cada comida y ninguna otra bebida a la vista. Es un cambio que no necesita convencer a nadie.

Tus primeros bocados con BLW, paso a paso
- Cuándo empezar y cómo cortar cada alimento
- Arcadas y atragantamiento: qué es cada cosa
- 12 recetas sin sal e ideas de 6 a 12 meses
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Cuándo hay que ir al médico
Acompañamos la introducción de alimentos, la variedad y las rutinas, y ayudamos cuando comer se ha vuelto una batalla. Lo que no hacemos es valorar el crecimiento ni el desarrollo de un niño: eso lo hace pediatría, en sus revisiones.
Estas señales requieren actuar según su urgencia.
Bebés y alimentación complementaria
- Busca atención médica urgente si un bebé está muy decaído o moja muchos menos pañales, o si tiene fiebre y es menor de tres meses [6]. Si no responde como siempre o cuesta despertarlo, llama al 112.
- Si se atraganta y no puede respirar, llorar o emitir sonido, o se pone morado, llama al 112 y sigue las instrucciones de emergencias para desobstruir la vía aérea [4].
- Si tras comer un alimento le cuesta respirar, se le hinchan la lengua o la garganta, está muy decaído o los síntomas avanzan rápido, llama al 112 [10].
- Si tras comer un alimento aparecen ronchas o vómitos repentinos, o se le hincha la cara, busca atención médica [10].
- En una revisión, pediatría ve que su peso o su talla se salen de su curva [6].
Qué hacer. Si no responde como siempre, cuesta despertarlo, se atraganta sin poder respirar o presenta signos graves tras un alimento, llama al 112. Si está muy decaído, moja muchos menos pañales o tiene fiebre antes de los tres meses, busca atención médica urgente. Ante ronchas, vómitos repentinos o hinchazón de la cara tras un alimento, busca atención médica. Si pediatría observa cambios en su crecimiento, consulta qué seguimiento necesita.
En resumen. Que un bebé coma poco unos días, o rechace algo nuevo diez veces, es lo normal. Las señales anteriores no lo son.
Niños y adolescentes
- Si tu hijo pierde peso sin explicación o deja de crecer como se esperaba, consulta con pediatría para valorar la causa y el seguimiento necesario [6].
- Ha cambiado de golpe su forma de comer: se salta comidas, cuenta calorías, esconde comida o va al baño justo al acabar [9].
- Consulta con su pediatra si come menos de diez alimentos diferentes, rechaza grupos enteros o su alimentación limitada afecta a su crecimiento o salud [6].
- Está pálido, cansado, le cuesta concentrarse o se queda sin aire jugando [14].
Qué hacer. Si cambia de golpe su forma de comer, consulta con pediatría. Adelanta la consulta si hay rechazo intenso, pérdida de peso o decaimiento. Pediatría valorará si procede derivar a salud mental infanto-juvenil. Para las demás señales, pide cita con pediatría, que podrá coordinarse con un dietista-nutricionista infantil si procede.
En resumen. Casi todos los niños pasan por etapas en las que comen de forma distinta; suelen ser pasajeras. Las señales de arriba son las que sí piden una consulta.

Cuéntanos cómo come tu hijo
En la primera visita hablamos de la edad de tu hijo, de cómo come y de lo que te preocupa. A la semana tienes tu pauta por escrito. Si todavía estás dando el pecho, tenemos una página propia de lactancia y posparto.
Cómo podemos ayudarte
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Recetas para este objetivo
Fuentes
- Organización Mundial de la Salud. Infant and young child feeding. OMS; 2026. who.int.
- Organización Mundial de la Salud. WHO guideline for complementary feeding of infants and young children 6–23 months of age. OMS; 2023. who.int.
- Agència de Salut Pública de Catalunya. La alimentación saludable en la primera infancia. Generalitat de Catalunya; 2022. gencat.cat.
- Fewtrell M, Bronsky J, Campoy C, et al. Complementary Feeding: A Position Paper by the ESPGHAN Committee on Nutrition. Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition. 2017;64(1):119-132. doi:10.1097/MPG.0000000000001454.
- Satter E. Ellyn Satter’s Division of Responsibility in Feeding. Ellyn Satter Institute; 2013. ellynsatterinstitute.org.
- National Institute for Health and Care Excellence. Faltering growth: recognition and management of faltering growth in children. NICE guideline NG75. NICE; 2017. nice.org.uk.
- Spill MK, Johns K, Callahan EH, et al. Repeated exposure to food and food acceptability in infants and toddlers: a systematic review. American Journal of Clinical Nutrition. 2019;109(Suppl 7):978S-989S. doi:10.1093/ajcn/nqy308.
- Robson SM, McCullough MB, Rex S, et al. Family Meal Frequency, Diet, and Family Functioning: A Systematic Review With Meta-analyses. Journal of Nutrition Education and Behavior. 2020;52(5):553-564. doi:10.1016/j.jneb.2019.12.012.
- National Institute for Health and Care Excellence. Eating disorders: recognition and treatment. NICE guideline NG69. NICE; 2017, actualización 2020, revisión 2024. nice.org.uk.
- Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica y sociedades colaboradoras. Guía de actuación en anafilaxia: GALAXIA 2022. SEAIC; 2022. guiagalaxia.com.
- Hampl SE, Hassink SG, Skinner AC, et al. Clinical Practice Guideline for the Evaluation and Treatment of Children and Adolescents With Obesity. Pediatrics. 2023;151(2):e2022060640. doi:10.1542/peds.2022-060640.
- Organización Mundial de la Salud. Policies and interventions to create healthy school food environments: WHO guideline. OMS; 2026. who.int.
- Asociación Española de Pediatría, Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones no Intencionadas en la Infancia. Guía para padres sobre la prevención de lesiones no intencionadas en la edad infantil. AEP; 2016. aeped.es.
- Devalia V, Hamilton MS, Molloy AM. Guidelines for the diagnosis and treatment of cobalamin and folate disorders. British Society for Haematology. Br J Haematol. 2014. doi:10.1111/bjh.12959.
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