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Alimentación de 18 meses a 3 años: qué comer y raciones

Ayer comía purés; hoy quiere lo de tu plato o no quiere nada. Entre los 18 meses y los 3 años las dudas sobre raciones, leche y apetito son normales.

Redactado por elequipo de dietistas-nutricionistas de AlimmentaRevisado porJuana María González, dietista-nutricionista, Col. CAT000921

Actualizado el 26/09/20267 min de lecturaVer fuentes

Entre los 18 meses y los 3 años, el niño come ya lo mismo que la familia, en texturas blandas y raciones pequeñas. Cuatro o cinco comidas al día, hasta tres raciones de lácteos naturales y sin azúcar al día, agua para beber y nada de sal ni azúcar añadidos [1]. Tú decides qué se ofrece; él decide cuánto come.

Una abuela trocea una pera mientras su nieto pequeño con cuchara come arroz con verduras bajo el toldo.

Puedes comer

  • Hidratos de carbono en cada comida: arroz, pasta, pan, patata, avena y legumbres bien cocidas o chafadas.
  • Frutas variadas y maduras: enteras, a trozos o chafadas, en el desayuno, merienda o postre.
  • Verduras y hortalizas: cocidas, al vapor o en purés con textura chafada, aliñadas con aceite de oliva.
  • Proteína en raciones adaptadas: pollo, pavo, pescado blanco, pescado azul pequeño, huevo y legumbres.
  • Lácteos naturales: leche entera pasteurizada, yogur natural sin azúcar ni edulcorantes y queso fresco pasteurizado bajo en sal.
  • Grasas saludables: aceite de oliva virgen extra para cocinar y aliñar los platos.
  • Agua como única bebida habitual: en las comidas y a demanda a lo largo del día.
  • Texturas semisólidas y sólidas blandas: alimentos que el niño pueda coger con sus manos o con cuchara pequeña.

Qué evitar

  • Sal añadida en las comidas
  • Azúcar, miel, siropes y alimentos azucarados: bollería, galletas, cacao soluble azucarado y postres lácteos infantiles.
  • Bebidas azucaradas, refrescos y zumos, incluso naturales: desplazan el agua y la leche.
  • Lo que puede atragantar: frutos secos enteros antes de los 5 años (ofrécelos molidos o en crema), uvas y tomates cherry enteros, zanahoria cruda, caramelos y salchichas en rodajas.
  • Pescados grandes por su mercurio: pez espada, emperador, tiburón, cazón, atún rojo y lucio.
  • Embutidos y carnes procesadas: salchichas, chóped y fiambres con mucha sal

Cambios que ayudan

  • Desayuno o merienda

    En lugar de galletas o bollería infantil, fruta madura a trozos con yogur natural, porque aporta fibra y nutrientes sin azúcares libres.

  • Elección de leche

    En lugar de leche de crecimiento o batidos, leche entera, porque cubre lo que necesita sin azúcares añadidos ni aromas.

  • Bebidas

    En lugar de zumo, aunque sea casero, fruta entera y agua, porque conserva la fibra y no le quita el apetito para la comida.

  • Texturas

    En lugar de alargar los purés finos, chafado con tenedor o trozos blandos, porque así aprende a masticar.

Hábitos que ayudan

  • Siéntalo a la mesa con la familia, porque aprende comiendo lo que os ve comer.
  • Mantén un horario regular de comidas y sueño
  • Si dice que no quiere más, retira el plato sin enfados ni insistencias.
  • Déjale tocar y mancharse: así aprende a manejar la comida
  • Sin pantallas en la mesa, y la comida nunca como premio ni castigo.

Entre los 18 meses y los 3 años se completa la transición de los triturados a la mesa familiar. El niño aprende a masticar y a compartir vuestros platos, con texturas y raciones a su medida.

Es también la etapa en la que el apetito sube y baja y aparecen los rechazos. «Antes se lo comía todo y ahora no prueba nada» es de las frases que más oímos en consulta a las familias con niños de esta edad. Casi siempre es una fase normal, y se lleva mejor con unas pocas pautas.

Cómo pasar de los triturados a la comida familiar

Al año y medio, la mayoría de los niños ya maneja texturas blandas y trozos pequeños. Es la continuación de la alimentación complementaria de 6 a 12 meses. La Asociación Española de Pediatría recomienda ofrecer texturas grumosas cuanto antes, nunca más tarde de los 8 o 9 meses [1]. Retrasarlas se ha asociado a más problemas para aceptar alimentos y a comer menos fruta y verdura años después [1].

A los 18 meses, los purés finos pasan a un segundo plano. Toca ofrecer alimentos chafados con tenedor o trozos blandos que pueda coger con los dedos, como en la alimentación autorregulada o baby-led weaning (BLW). La masticación se aprende probando texturas variadas desde el primer año [2].

Para que el paso sea seguro, elige texturas que se deshagan entre la lengua y el paladar. Por ejemplo, patata o boniato cocidos, zanahoria hervida muy tierna, pasta corta en su punto o tiras de pollo jugoso. Si solo tomaba triturados, pon en su plato algo entero de vuestro menú junto a un poco de puré, para que experimente sin presión.

¿Qué raciones de carne, pescado, huevo y legumbres necesita?

La ración de carne o pescado es pequeña. Como referencia práctica, del tamaño de la palma de su mano, y no hace falta que aparezca en todas las comidas. En España, un estudio con más de 1.400 niños de 1 a 9 años encontró que tomaban más proteína de la que recomiendan las guías europeas [3].

El huevo, las legumbres (lentejas, garbanzos o alubias), el pescado y la carne se reparten a lo largo de la semana. Las legumbres aportan proteína, hierro y fibra. Bien cocidas y chafadas, o enteras si ya mastica bien, forman un plato completo con verdura y un poco de arroz o patata. Si el plato lleva legumbre, no hace falta añadir carne ni pescado en esa comida. Tomar mucha proteína en los primeros años puede aumentar el riesgo de sobrepeso más adelante [2].

¿Cuánta leche y qué lácteos son adecuados a partir de los 18 meses?

La leche materna sigue siendo una buena opción. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda mantener la lactancia hasta los dos años o más [4]. Si toma leche de vaca, que sea leche entera, no desnatada ni semidesnatada [1]. A esta edad, la grasa de la leche aporta energía y vitaminas como la A y la D.

Puedes ofrecer hasta tres raciones de lácteos al día, mejor naturales y sin azúcar [1]. Por ejemplo, un vaso de leche (200-250 ml) y un yogur natural sin azúcar (125 g), o un vaso de leche y una porción de queso fresco bajo en sal. Las llamadas «leches de crecimiento» no hacen falta de forma rutinaria [5]. Si las usas, revisa la etiqueta, porque algunas llevan azúcares añadidos.

Si no quiere comer o rechaza lo nuevo

Entre los 18 meses y los 3 años es muy frecuente la neofobia alimentaria, el rechazo a probar comidas nuevas o incluso platos que antes aceptaba. Además, después del primer año el crecimiento se frena mucho, y es normal que tenga menos apetito. Forzarle a comer empeora el rechazo y altera sus señales de hambre y saciedad. Puedes consultar «Leche de crecimiento». Puedes consultar «Neofobia y selectividad alimentaria».

La Asociación Española de Pediatría lo resume en un reparto de papeles. Los adultos deciden dónde, cuándo y qué come el niño; el niño decide cuánto [1]. Un primer rechazo no es definitivo, y pueden hacer falta entre 10 y 15 ofrecimientos del mismo alimento, sin presionar, para que lo acepte [1]. Mantén una actitud neutra y sirve raciones pequeñas para no abrumarle.

¿Por qué hay que evitar la sal, el azúcar y los ultraprocesados?

A esta edad se recomienda no ofrecer alimentos ricos en azúcar, sal o grasas trans, ni bebidas azucaradas [4]. Pasados los dos años, cuanto menos azúcar, mejor. El azúcar añadido favorece la caries y acostumbra el paladar a sabores muy dulces, que acaban desplazando la fruta, la verdura y la legumbre. Los cereales de desayuno azucarados, las galletas «para bebés» y los zumos envasados llevan mucho azúcar y conviene dejarlos fuera de la compra habitual.

Un niño en una trona con alimentos blandos, acompañado por una persona adulta.

Con la sal pasa lo mismo. Entre 1 y 3 años, la recomendación es limitar la sal [1]. No hace falta añadirla, porque cocinar sin sal le acostumbra al sabor natural de los alimentos.

Con el pescado, el cuidado es el mercurio. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda que los menores de diez años no tomen pez espada o emperador, tiburón (cazón, marrajo, mielga, pintarroja o tintorera), atún rojo ni lucio [6]. Elige pescados más pequeños, como merluza, pescadilla, bacalao, lenguado o sardinas.

Cómo organizar las comidas del día

Como orientación, bastan 4 o 5 comidas al día con un horario aproximado y flexible [1]. Desayuno, comida, merienda, cena y, si lo necesita, algo a media mañana. Cada comida principal puede combinar un hidrato de carbono (arroz, pasta, pan, patata o legumbre), verdura de temporada y una ración pequeña de proteína. Para cocinar y aliñar, preferentemente aceite de oliva virgen extra.

La fruta madura a trozos es el mejor postre y tentempié. Los zumos de fruta no aportan ningún beneficio frente a la fruta entera y aumentan el riesgo de caries [1]. Por eso el agua es la bebida de siempre, dentro y fuera de las comidas. Con horarios regulares y sin picoteo constante, llega a la mesa con hambre y con más ganas de participar.

¿Qué errores vemos en consulta?

Las dudas de esta etapa se parecen mucho de una familia a otra. Estos son los tres tropiezos que más vemos.

Compensar el plato que no se come. Si deja la comida y a la media hora recibe un yogur o unas galletas, aprende que esperar tiene premio. Ofrece la siguiente comida a su hora, sin extras entre medias.

Contar cucharadas. Pensar en cuánto «tiene que» comer convierte la mesa en una negociación. El apetito de esta edad sube y baja de un día a otro, y la expectativa de una cantidad fija solo añade tensión.

Usar la leche como comodín. Cuando come poco, es tentador ofrecerle más leche o un batido. Si la leche sustituye a las comidas que rechaza, llega a la siguiente sin hambre y el círculo se repite.

¿Se debe poner a dieta a un niño que gana peso deprisa?

No. A esta edad no se pone a un niño a dieta ni se le restringen calorías. Quien valora su peso y su talla sobre las curvas de crecimiento es pediatría, en las revisiones del programa de salud infantil. Restringir la comida a un niño pequeño puede frenar su crecimiento y dejarle una relación difícil con la comida.

Si en pediatría se ve que gana peso muy deprisa, lo que se revisa es el entorno de toda la familia. Menos ultraprocesados, bebidas azucaradas y bollería en la despensa, comidas sin pantallas y juego activo cada día. El objetivo es que toda la familia coma mejor mientras el niño sigue creciendo a su ritmo.

En esta etapa ayuda más una mesa tranquila que un plato perfecto. Compartir vuestra comida, ofrecer alimentos de calidad y respetar su ritmo es casi todo el trabajo.

Si la hora de comer se ha convertido en una discusión diaria, tienes dudas con las cantidades o tienes dificultades en la transición a los sólidos, podemos ayudarte. Nuestro equipo de dietistas-nutricionistas infantiles te acompaña con pautas realistas y respetuosas, en consulta presencial en Barcelona o online.

Te lo contamos en vídeo

Tu primer paso esta semana

  • Un plato para todos

    Elige una comida de la semana, por ejemplo unas lentejas con calabaza y patata, y sírvele lo mismo que al resto, chafado con el tenedor en su propio plato.

Portada de la guía en PDF: Sus primeros bocados: guía práctica para empezar con BLW

Tus primeros bocados con BLW, paso a paso

  • Cuándo empezar y cómo cortar cada alimento
  • Arcadas y atragantamiento: qué es cada cosa
  • 12 recetas sin sal e ideas de 6 a 12 meses

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Cuándo hay que ir al médico

Acompañamos la introducción de alimentos, la variedad y las rutinas, y ayudamos cuando comer se ha vuelto una batalla. Lo que no hacemos es valorar el crecimiento ni el desarrollo de un niño: eso lo hace pediatría, en sus revisiones.

Pide cita médica sin esperar a cambiar la dieta si notas alguna de estas señales:

  • El niño está decaído y no responde como siempre o moja muchos menos pañales [7]
  • Se atraganta con tos que no para, se pone morado o deja de emitir sonido [8]
  • Tras probar un alimento nuevo le cuesta respirar, vomita de golpe o se le hinchan la cara, los labios o la lengua [9]
  • Tras probar un alimento nuevo le salen ronchas, sin ningún otro síntoma [9]
  • Vomita con sangre, hace heces con sangre o el vómito es verdoso [10]
  • En una revisión, pediatría ve que su peso o su talla se salen de su curva [11]

Si se atraganta y no puede toser, llorar ni respirar, llama al 112 ahora y empieza las maniobras. Si tras un alimento le cuesta respirar o se le hinchan los labios o la lengua, llama también al 112. Si le ves sin fuerzas y no responde como siempre o moja muchos menos pañales, ve hoy a urgencias. Acude también hoy si vomita de golpe o se le hincha la cara tras un alimento, vomita con sangre o verde, o hace heces con sangre. Si solo le salen ronchas, sin ningún otro síntoma, llama hoy a su pediatra. Si su peso o su talla se salen de su curva, sigue la valoración que te indique su pediatra.

Que un niño coma poco unos días, o rechace algo nuevo diez veces, es lo normal. Las señales mencionadas arriba no lo son.

El equipo de Alimmenta

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Fuentes

  1. Gómez Fernández-Vegue M; Comité de Lactancia Materna y Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre la alimentación complementaria. Madrid: AEP; 2018. https://www.aeped.es/publicaciones/protocolos/recomendaciones-aep-sobre-alimentacion
  2. Fewtrell M, Bronsky J, Campoy C, et al. Complementary Feeding: A Position Paper by the European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition (ESPGHAN) Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2017;64(1):119-132. doi:10.1097/MPG.0000000000001454
  3. Plaza-Diaz J, Molina-Montes E, Soto-Méndez MJ, et al. Dietary Intake, Nutritional Adequacy, and Food Sources of Protein and Relationships with Personal and Family Factors in Spanish Children Aged One to <10 Years: Findings of the EsNuPI Study. Nutrients. 2021;13(4):1062. doi:10.3390/nu13041062
  4. World Health Organization. WHO Guideline for complementary feeding of infants and young children 6–23 months of age. Geneva: WHO; 2023. ISBN 978-92-4-008186-4. https://www.who.int/publications/i/item/9789240081864
  5. Hojsak I, Bronsky J, Campoy C, et al. Young Child Formula: A Position Paper by the ESPGHAN Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2018;66(1):177-185. doi:10.1097/MPG.0000000000001821
  6. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Recomendaciones de consumo de pescado por presencia de mercurio. Madrid: AESAN; 2019. https://www.aesan.gob.es/dam/jcr:37655af5-1ba6-4a9e-a756-79a51810aac7/RECOMENDACIONES_consumo_pescado_MERCURIO_AESAN_WEB.pdf
  7. National Institute for Health and Care Excellence. Fever in under 5s: assessment and initial management. NICE guideline [NG143]. London: NICE; 2019. https://www.nice.org.uk/guidance/ng143
  8. Van de Voorde P, Turner NM, Djakow J, et al. European Resuscitation Council Guidelines 2021: Paediatric Life Support. Resuscitation. 2021;161:327-387. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33773830/
  9. Cardona Dahl V, et al. Guía de actuación en anafilaxia: GALAXIA 2022. Madrid: Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC); 2022. https://www.guiagalaxia.com/
  10. National Institute for Health and Care Excellence. Gastro-oesophageal reflux disease in children and young people: diagnosis and management. NICE guideline [NG1]. London: NICE; 2015, actualizada en 2019. https://www.nice.org.uk/guidance/ng1
  11. National Institute for Health and Care Excellence. Faltering growth: recognition and management of faltering growth in children. NICE guideline [NG75]. London: NICE; 2017. https://www.nice.org.uk/guidance/ng75

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Escrito y revisado por

Redacción

Equipo de dietistas-nutricionistas de Alimmenta

Dietistas-nutricionistas colegiadas

Juana María González, directora técnica de Alimmenta

Revisión clínica

Juana María González

Dietista-nutricionista · Directora Técnica

Col. CAT000921

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