Puedes comer
- Tomate crudo en ensalada, aliñado con aceite de oliva virgen extra.
- Pan con tomate rallado y un chorrito de aceite.
- Gazpacho o salmorejo caseros, con poca sal.
- Sofrito casero de tomate, cebolla y aceite de oliva.
- Tomate triturado o entero en conserva, sin azúcar añadido.
- Tomate asado al horno con hierbas aromáticas.
Qué evitar
- Tomate frito comercial con el azúcar entre los primeros ingredientes.
- Kétchup como salsa de cada día.
- Salsas de tomate preparadas con mucha sal por 100 g.
- Pizzas y platos precocinados como forma habitual de comer tomate.
- Gazpacho envasado con mucha sal, si tomas uno a diario.
- Tomate crudo por la noche si te provoca ardor al acostarte.
Cambios que ayudan
Tomate frito de bote
En lugar de tomate frito con azúcar añadido, tomate triturado sofrito en casa con cebolla y aceite, porque decides cuánto azúcar y sal añades.
Kétchup
En lugar de kétchup en la hamburguesa, rodajas de tomate maduro o tomate asado, porque dan sabor sin el azúcar añadido de la salsa.
Gazpacho envasado
En lugar de gazpacho envasado a diario, gazpacho casero con poca sal, porque ajustas tú la sal y el aceite.
Ensalada sin aliño
En lugar de ensalada de tomate sin grasa, un chorrito de aceite de oliva virgen extra, porque el licopeno se absorbe mejor con algo de grasa.
Hábitos que ayudan
- Guarda los tomates fuera de la nevera hasta que maduren; así ganan sabor.
- Compra tomate de temporada en verano, cuando está más sabroso.
- Lava los tomates justo antes de usarlos, no al guardarlos.
El tomate está en casi todas las cocinas, del pan con tomate del desayuno al sofrito del domingo. En consulta sale sobre todo por dos dudas, si el frito de bote vale y si el tomate empeora el ardor. Las dos tienen respuesta, y casi nunca obligan a quitarlo.
¿Qué aporta el tomate?
Por cada 100 g, el tomate crudo aporta 19 kcal, 93,9 g de agua, 3,5 g de hidratos de carbono y 1,1 g de fibra [1]. Según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos, tiene además 236 mg de potasio y 19 mg de vitamina C [1].
Botánicamente es un fruto, porque nace de la flor y guarda las semillas. En la cocina funciona como una hortaliza, porque es menos dulce que la fruta de postre. Por eso suma a las tres raciones de hortalizas al día que se recomiendan [3]. Un tomate mediano en la ensalada ya es buena parte de una de ellas.
Con esa vitamina C no llega a lo que aporta una naranja. Aun así, como se come a menudo y muchas veces crudo, su aporte suma a lo largo de la semana.
Su color rojo se lo da el licopeno, un pigmento de la familia de los carotenoides, los que dan color a muchas frutas y hortalizas. Funciona como antioxidante, es decir, ayuda a frenar un tipo de desgaste de las células. La sandía, el pomelo rosado y la papaya también lo tienen.
¿El tomate cocinado tiene más licopeno?
En la práctica, el licopeno del tomate cocinado se absorbe mejor que el del crudo [2]. El calor y el triturado rompen las paredes de las células del tomate y liberan el pigmento. Si se calienta en exceso, una parte se estropea, así que un sofrito o una salsa a fuego medio es suficiente [2].
El licopeno se disuelve en la grasa. Por eso se aprovecha más cuando el plato lleva algo de aceite [2]. Para esto sirve cualquier grasa; en casa usamos aceite de oliva virgen extra porque es la grasa que recomendamos para cocinar y aliñar.
El tomate crudo también cuenta. En una ensalada aliñada con aceite también absorbes licopeno, y además conservas más vitamina C, que se pierde en parte con el calor.
¿Y el cáncer de próstata?
Es de las preguntas que más se oyen sobre el tomate. Algunos estudios observacionales, que miran qué come la gente y qué enfermedades aparecen después, encuentran menos cáncer de próstata en quien toma más licopeno [4]. Ese tipo de estudio no demuestra que el tomate sea la causa.
El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, que revisa toda la evidencia disponible, rebajó en 2018 esa relación a «limitada, sin conclusión» [5]. El tomate es un buen alimento de todos los días, pero ninguno sustituye a las revisiones que te indique tu médico .
¿El tomate sienta mal si tienes reflujo o gastritis?
A algunas personas, sí. El tomate es ácido y, en quien tiene reflujo, puede aumentar el ardor, sobre todo en salsa concentrada o en la cena. Por eso aparece entre los alimentos que la guía estadounidense de reflujo propone retirar si empeoran los síntomas [6]. La misma guía reconoce que las pruebas que sostienen esa lista son escasas [6].
En la práctica, se prueba. Si notas que el tomate te da ardor, retíralo una o dos semanas y vuelve a probarlo. Si sospechas de otros alimentos, reintrodúcelos uno a uno. Si vuelve el ardor, prueba con menos cantidad o evita tomarlo en la cena. Si no te molesta, no hay motivo para quitarlo. Retirarlo por precaución te hace perder un alimento nutritivo y fácil de usar.
Si el ardor es frecuente o tienes una gastritis diagnosticada, las pautas completas están en la guía de alimentación para el reflujo .
Tomate frito y salsas de bote: cómo elegirlos
Muchos tomates fritos y salsas de bote llevan azúcar y sal añadidos. No hace falta desterrarlos, pero conviene elegirlos por la etiqueta. La normativa europea obliga a listar los ingredientes de mayor a menor peso y a declarar los azúcares y la sal por cada 100 g [7]. Con eso puedes comparar dos botes en el pasillo del súper.

- Mira el orden de los ingredientes. El tomate, primero; el azúcar, mejor que no aparezca.
- Compara la línea de azúcares por 100 g. Entre dos botes, elige el que menos lleve.
- Compara también la sal por 100 g. Las salsas preparadas pueden llevar bastante.
- Prefiere el triturado natural. Lleva tomate y poco más, y lo sazonas tú.
El azúcar que añade el fabricante cuenta como azúcar libre. Conviene mantener los azúcares libres por debajo del 10 % de la energía del día, con el 5 % como objetivo deseable [8]. Un sofrito casero con tomate triturado, cebolla y aceite sustituye al de bote, y se puede congelar en raciones.
Qué tomate elegir según el plato
La temporada del tomate de huerta va de junio a septiembre, que es cuando tiene más sabor. El resto del año, el de invernadero y el de conserva cubren bien el hueco. Cada variedad va mejor en una preparación.
- Para ensalada, corazón de buey, rosa o raf, en rodajas y con aceite.
- Para salsa y sofrito, tomate pera, carnoso y con poca agua
- Para untar en el pan, tomate de colgar, muy jugoso
- Para picar o llevar, cherry, entero y sin cortar
- Para la despensa, triturado o entero en conserva
Dos recetas sencillas con tomate
Las cantidades son para una ración. Las dos usan sofrito casero, que puedes dejar hecho con antelación.
Pasta en espirales con tomate y finas hierbas
- 60-80 g de pasta seca en espirales, mejor integral
- Sofrito casero de tomate, al gusto
- 1 cucharadita de hierbas aromáticas (perejil, estragón, cebollino, perifollo)
Cuece la pasta según el paquete. Calienta el sofrito en una sartén, añade la pasta escurrida y termina con las hierbas. Acompáñala de una ensalada y de una proteína, como huevo, legumbre o pescado.
Bacalao en salsa de tomate
- 1 lomo de bacalao fresco o desalado
- Sofrito casero de tomate con cebolla
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva virgen extra
- Orégano
Calienta el aceite en una sartén, añade el sofrito y déjalo unos 3 min. Pon el lomo con la piel hacia abajo y cuécelo a fuego lento. Cúbrelo con más salsa y, cuando esté hecho, termina con orégano. Déjalo reposar unos minutos antes de servir.
Si buscas cómo repartir el tomate y el resto de hortalizas en la semana, tienes un menú semanal saludable y fácil de preparar con su lista de la compra.
Lo que vemos en consulta sobre el tomate
Tres ideas se repiten a menudo, y las tres se resuelven rápido.
«El tomate frito engorda.» El frito casero es tomate con aceite, y lo que suma calorías es el aceite. Con una cucharada en el plato ya se absorbe bien el licopeno [2], así que no hace falta que la salsa nade en aceite.
«Solo vale crudo, porque cocinado pierde las vitaminas.» Pierde parte de la vitamina C, pero gana licopeno aprovechable [2]. Alternar crudo y cocinado recoge lo mejor de los dos.
«El tomate de bote no alimenta igual.» El triturado en conserva es tomate cocinado y conserva su licopeno [2]. Lo que cambia de un bote a otro es la sal y el azúcar que se le añaden.
El tomate es barato, está todo el año y encaja en casi cualquier plato. Tómalo crudo en ensalada y cocinado en sofrito, y elige el bote después de leer la etiqueta.
Crudo o cocinado, lo que más cuenta es que el tomate esté a menudo en tu mesa.
Si quieres llenar tus comidas de hortalizas sin complicarte, nuestro equipo de dietistas-nutricionistas te ayuda a montar un plan de alimentación a tu medida, en Barcelona y online.
Tu primer paso esta semana
Un sofrito para toda la semana
Este fin de semana, prepara un sofrito de tomate, cebolla y aceite, y guárdalo en la nevera o congélalo en raciones.
Cuándo hay que ir al médico
El tomate es un alimento, y ni el licopeno ni ninguna salsa sustituyen a un tratamiento ni a las revisiones que te indique tu médico. Si el ardor, el dolor de estómago o las molestias al comer se repiten, eso lo valora tu médico antes de cambiar lo que comes.
Las señales que piden cita médica si tienes ardor o reflujo las tienes en la guía de alimentación para el reflujo, en su apartado «Cuándo hay que ir al médico».

Cada caso es distinto
Con una pauta general se llega hasta aquí. Lo siguiente es mirar tu caso, y eso se hace en consulta.
Cómo podemos ayudarte
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Fuentes
- Base de Datos Española de Composición de Alimentos (BEDCA). Tomate, crudo. Red BEDCA y Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Disponible en: https://www.bedca.net
- Arballo J, Amengual J, Erdman JW Jr. Lycopene: a critical review of digestion, absorption, metabolism, and excretion. Antioxidants (Basel). 2021;10(3):342. doi:10.3390/antiox10030342
- López García E, Bretón Lesmes I, Díaz Perales A, et al. Informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre recomendaciones dietéticas sostenibles y recomendaciones de actividad física para la población española. Revista del Comité Científico de la AESAN. 2022;36:11-70.
- Rowles JL 3rd, Ranard KM, Smith JW, et al. Increased dietary and circulating lycopene are associated with reduced prostate cancer risk: a systematic review and meta-analysis. Prostate Cancer Prostatic Dis. 2017;20:361-77. doi:10.1038/pcan.2017.25
- World Cancer Research Fund, American Institute for Cancer Research. Diet, nutrition, physical activity and prostate cancer. Continuous Update Project Expert Report 2018. Disponible en: https://www.wcrf.org/wp-content/uploads/2024/10/prostate-cancer-report.pdf
- Katz PO, Dunbar KB, Schnoll-Sussman FH, et al. ACG clinical guideline for the diagnosis and management of gastroesophageal reflux disease. Am J Gastroenterol. 2022;117(1). doi:10.14309/ajg.0000000000001538
- Reglamento (UE) n.º 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2011, sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. Diario Oficial de la Unión Europea. 2011;L 304:18-63. Disponible en: https://eur-lex.europa.eu/eli/reg/2011/1169/oj
- World Health Organization. Guideline: sugars intake for adults and children. Geneva: World Health Organization; 2015. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789241549028
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